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domingo, setembro 23, 2007

Encontrei não sei onde, mas não foi no livro que ainda não li:

«Escondemos a morte como se ela fosse vergonhosa e suja. Vemos nela apenas horror, absurdo, sofrimento inútil e penoso, escândalo insuportável, conquanto ela seja o momento culminante da nossa vida, o seu coroamento, o que lhe confere sentido e valor.»


«A vida ensinou-me três coisas:a primeira é que não impedirei nem a minha morte nem a dos meus próximos. A segunda é que o ser humano não se reduz àquilo que vemos, ou julgamos ver. É sempre infinitamente maior, mais profundo do que os nossos estreitos julgamentos podem exprimir. E, finalmente, ele nunca disse a última palavra, estando sempre a transformar-se, a realizar-se em potência, capaz de se modificar através das crises e das provações da sua existência.»


«(...)Porque na nossa sociedade não há lugar para os que choram a perda de um ser amado. Ninguém me ajudou a esvaziar a minha dor. Acham normal a depressão das pessoas enlutadas, e recomendam-lhes o médico para que lhes receite anti-depressivos. Tentam distrair-nos, fazer-nos mudar de ideias. Em resumo, querem dizer-nos que têm medo do nosso desgosto(...)»


«Entrar no sonho de outrem é pisar um chão sagrado, penetrar na intimidade do outro. O inconsciente não é apenas o reservatório dos recalcados, ele contém simultaneamente todos os nossos possíveis. É um viveiro de imagens e símbolos susceptíveis de ajudar o nosso desenvolvimento».


Hennezel, M. Diálogo com a Morte

terça-feira, fevereiro 20, 2007

Um livro a sério.

«Quando saiu para a praça, Felisa García avançou uns passos para procurar a sombra da figueira, e ali ficou a esfregar as mãos com o olhar perdido no mar. Não tinha a certeza se estava bem o que tinha acabado de fazer, mas tinha a impressão de que o mundo estava cada vez mais desordenado e que era preciso evitar isso. Se de alguma coisa Felisa García tinha a certeza era de que os países deviam manter-se onde estavam, com as suas fronteiras tão bem desenhadas nos mapas que até dava gosto vê-los, cada um com a sua cor diferente, e que os vizinhos deviam cumprimentar-se com respeito em vez de andar a matar-se uns aos outros, e que os filhos deviam arranjar uma mulher ou voltar para casa dos pais e não andarem a mendigar na capital. Tudo devia estar no seu lugar, porque era a única forma de cada um saber onde sentar o traseiro. Assim, simples.»

Zarraluki, P. Começar de novo

Fotografia: Rui Cid

sábado, janeiro 06, 2007

O caminho do Daniel

«A Daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara. Él no tenía la culpa de ser un sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a él de aquella manera absorbente y dolorosa. No le interesaba el progreso. El progreso, en verdad, no le importaba un ardite. Y, en cambio, le importaban los trenes diminutos en la distancia y los caseríos blancos y los prados y los maizales parcelados; y la Poza del Inglés, y la gruesa y enloquecida corriente del Chorro; y el corro de bolos; y los tañidos de las campanas parroquiales; y el gato de la Guindilla; y el agrio olor de las encellas sucias; y la formación pausada y solemne y plástica de una boñiga; y el rincón melancólico y salvaje donde su amigo Germán, el Tiñoso, dormía el sueño eterno; y el chillido reiterado y monótono de los sapos bajo las piedras en las noches húmedas; y las pecas de la Uca—uca y los movimientos lentos de su madre en los quehaceres domésticos; y la entrega confiada y dócil de los pececillos del río; y tantas y tantas otras cosas del valle. Sin embargo, todo había de dejarlo por el progreso. Él no tenía aún autonomía ni capacidad de decisión. El poder de decisión le llega al hombre cuando ya no le hace falta para nada; cuando ni un solo día puede dejar de guiar un carro o picar piedra si no quiere quedarse sin comer. ¿Para qué valía, entonces, la capacidad de decisión de un hombre, si puede saberse? La vida era el peor tirano conocido. Cuando la vida le agarra a uno, sobra todo poder de decisión. En cambio, él todavía estaba en condiciones de decidir, pero como solamente tenía once años, era su padre quiendecidía por él. ¿Por qué, Señor, por qué el mundo se organizaba tan rematadamente mal?

(...)

Don José, el cura, que era un gran santo, le dio buenos consejos y le deseó los mayores éxitos. A la legua se advertía que don José tenía pena por perderle. Y Daniel, el Mochuelo, recordó su sermón del día de la Virgen. Don José, el cura, dijo entonces que cada cual tenía un camino marcado en la vida y que se podía renegar de ese camino por ambición y sensualidad y que un mendigo podía ser más rico que un millonario en su palacio, cargado de mármoles y criados.

Al recordar esto, Daniel, el Mochuelo, pensó que él renegaba de su camino por la ambición de su padre. Y contuvo un estremecimiento. Le anegó la tristeza al pensar que a lo mejor, a su vuelta, don José ya no estaría en el confesionario ni podría llamarle "gitanón", sino en una hornacina de la parroquia, convertido en un santo de corona y peana. Pero, en ese caso, su cuerpo corrupto se pudriría junto al de Germán, el Tiñoso, en el pequeño cementerio de los dos cipreses rayanos a la iglesia. Y miró a don José con insistencia, agobiado por la sensación de que no volvería a verle hablar, accionar, enfilar sus ojillos pitañosos y agudos.

Y, al pasar por la finca del Indiano, quiso ponerse triste al pensar en la Mica, que iba a casarse uno de aquellos días, en la ciudad. Pero no sintió pesadumbre por no poder ver a la Mica, sino por la necesidad de abandonar el valle sin que la Mica le viese y le compadeciese y pensase que era desgraciado.

El Moñigo no había querido despedirse porque Roque bajaría a la estación a la mañana siguiente. Le abrazaría en último extremo y vigilaría si sabía ser hombre hasta el fin. Con frecuencia le había advertido el Moñigo:

—Al marcharte no debes llorar. Un hombre no debe llorar aunque se le muera su padre entre horribles dolores.»
(Delibes, M. El camino)

domingo, dezembro 10, 2006

Citação de citação

«O método empregado nas aulas parece-me o melhor, o mais fecundo e científico. Mas, para pessoas nós que suportamos há muito, muito tempo, o estilo magistral, o método da autoridade, este novo processo é incompreensível. As pessoas como nós estão condicionadas para ouvir o professor, tomar passivamente os nossos apontamentos e decorar o que nos marcam de bibliografia para exame. Não é necessário dizer que é preciso muito tempo para nos desembaraçarmos dos nossos hábitos, mesmo se são infecundos e estéries.»
Alguém sabe de quem?

segunda-feira, junho 12, 2006

«The Simpsons and philosophy: the D'oh! of Homer»

« Edited by William Irwin, Mark T. Conrad, and Aeon J. Skoble
(review written: August 25, 2001 by Timothy Yenter)
Non-fiction
303 pages
Open Court Publishing Company
2001


Dare I say it? No point in disguising the issue: "The Simpsons" has consistently been the best television show of the last 10 years. Each week it offers up a dose of our perverted society. (I'll leave the reader to decide whether the show perverts our society or if it reflects the inherently perverted nature of our society.) In the world of "The Simpsons," social critique exists alongside sight gags, and physical humor and literary references share equal screen time. Therefore, it is only natural that fans of the show would spend equal time laughing aloud and wondering about its caricature of their lives.

In this spirit, The Simpsons and Philosophy is a new collection of eighteen (rather light) philosophical essays covering a range of "Simpsonian Themes". The essays explore whether Homer is as morally inept as he appears, what Lisa can teach us about intellectualism in America, whether "The Simpsons" actually offers a traditional (conservative) view of the family, and a decent range of other topics.

Each essay takes a unique approach, and each has its own strengths and weaknesses. The most successful essays use "The Simpsons" as an opportunity for introducing the reader to the thought of an important philosopher. "Thus Spake Bart" is an excellent brief introduction to Friedrich "God Is Dead" Nietzsche, as well as being one of the strongest character analyses in the book. "A (Karl, Not Groucho) Marxist in Springield", which details the ways "The Simpsons" is both like and unlike Marxist critiques of capitalist society, is a similarly engaging essay.

(...)»


Wich Simpson are you?